v1.0 // INVESTIGACIÓN

El mito del nacimiento inmaculado de Bitcoin

De la leyenda de la pureza absoluta al posminado temprano y sus asimetrías

El relato de pureza absoluta

Hay quien presenta el origen de Bitcoin como si fuera un acontecimiento cósmico perfecto: una chispa matemática que brota en el vacío, sin privilegios, sin sesgos, sin huellas humanas. En ese relato, todo estaría impecablemente equilibrado desde el primer bloque: cualquiera podría haber participado, nadie habría disfrutado de ventaja y la distribución inicial sería casi una obra de justicia algorítmica. Nada que ver con todas las criptomonedas que vinieron después, tan preminadas, tan impuras, con esos fundadores que se quedan las monedas digitales antes siquiera de lanzar el proyecto.

Pues no, en Bitcoin no hace falta rascar mucho y ya aparece una historia más humana: muy ingeniosa, pero lejos de ser inmaculada.

Las recompensas por bloque, las pautas de minería de los primeros años y el entorno de software en el que se puso en marcha la red dibujan una escena en la que Satoshi Nakamoto ("el fundador") tiene un papel central. Comprender esa asimetría no niega los logros de Bitcoin; los sitúa en el terreno de la ingeniería real, donde las decisiones de diseño y las condiciones iniciales importan tanto como las ecuaciones criptográficas.

Preminado, posminado temprano y justicia percibida

En el lenguaje de las monedas digitales, se suele llamar preminado a la reserva de una parte significativa de la emisión total antes de que el resto del mundo pueda participar. Es el equivalente a acuñar monedas o tokens en una cámara cerrada, guardarlos para el equipo fundador y solo después abrir las puertas al público.

En Bitcoin hubo un fenómeno distinto (pero con resultado similar) y menos comentado que podríamos llamar "posminado temprano". En el posminado temprano, incluso sin reservar monedas por adelantado, las primeras fases de minería pueden quedar en manos de uno o muy pocos participantes, que extraen una fracción enorme de la futura oferta mientras el resto del mundo todavía ignora la existencia del sistema. Desde fuera parece una carrera abierta; en la práctica, durante un tiempo, apenas hay corredores en la pista.

Los análisis de los bloques de Bitcoin en sus primeros años muestran precisamente ese tipo de concentración. Un trabajo publicado en 2013 identificó una pauta característica, conocida como patrón Patoshi, que indica que una sola persona minó gran parte del primer conjunto de monedas emitidas. Sobre esa base se han elaborado estimaciones que atribuyen en torno a 1,1 millones de bitcoins a esa entidad y, en algunos cálculos, hasta 1,8 millones, con aproximadamente 1,1 millones que se consideran no gastados.

Desde el punto de vista de la justicia percibida, esto no es preminado en el sentido clásico de acuñar monedas en secreto antes de abrir la participación, pero sí una ventaja abrumadora de los primeros mineros, similar a encontrar casi en solitario una mina de oro recién descubierta. La pureza del relato se desvanece cuando se mide quién estaba realmente extrayendo las primeras unidades.

El patrón Patoshi y la mina del fundador

El llamado patrón Patoshi es el nombre dado a una pauta descubierta al estudiar los bloques minados en los dos primeros años de Bitcoin. Esta pauta, identificada por el analista Sergio Demian Lerner, muestra que una sola persona minó la mayor parte del primer lote de monedas, hasta el punto de que esos bloques tempranos se distinguen como una especie de firma estadística en la historia de la red.

En una de las estimaciones citadas se calcula que ese minero pudo procesar en torno a 22 000 bloques durante el primer año de minería, lo que encaja con la imagen de una fase inicial en la que la mayor parte de la actividad recaía sobre una sola entidad. A partir de esa pauta se construyen estimaciones que atribuyen a ese perfil alrededor de 1,1 millones de bitcoins y, en algunos modelos, hasta 1,8 millones, con unos 1,1 millones que no se han movido.

Un "posminado temprano" de manual. Si una sola entidad extrae la mayoría de las monedas en la fase inicial, tiene una influencia potencial enorme sobre la economía de la red: puede optar por no mover nunca esa reserva, como reflejan las estimaciones sobre monedas sin gastar, o decidir gastarla de forma que alteraría drásticamente la oferta circulante. Frente al mito de la pureza, estas cifras recuerdan algo muy humano: toda tecnología nace bajo condiciones iniciales concretas, donde unos pocos tienen más información, más tiempo y más convicción que el resto. No tiene nada de malo, es así.

En este caso, Satoshi Nakamoto (o un grupo muy reducido) habría minado durante un periodo prolongado prácticamente en solitario, acumulando una reserva colosal sin necesidad de preasignársela por decreto, simplemente dejando trabajar a sus máquinas mientras la red era aún un experimento conocido por muy pocos. Esa es la esencia del "posminado temprano": una mina digital operada por casi una sola mano, antes de que el resto del mundo descubra el yacimiento.

¿Resultado? El mismo que el de preminado que tanto ataca el dogma maximalista.

Software, sistema operativo y barreras invisibles

Un defensor del maximalismo dirá que sigue siendo diferente porque, teóricamente, no existían barreras a que cualquier persona del mundo minara en los primeros días de Bitcoin (solo tenías que estar en el círculo de Satoshi y conocer los foros en los que se debatía este nuevo dinero mágico de Internet).

No. Hay algo más: la forma en que se publica un programa también determina quién puede participar en él. La primera versión de Bitcoin se presentó como un programa en C++ disponible únicamente para Microsoft Windows: se indicaba que, por el momento, solo funcionaba en ese sistema, que el código abierto estaba incluido y que bastaba descomprimir los archivos en un directorio, ejecutar un programa llamado BITCOIN.EXE y dejar que se conectara automáticamente a otros nodos.

Las versiones 0.1.0 a 0.1.5 del programa funcionaban únicamente en determinadas versiones de Windows, mientras que una versión para sistemas basados en Linux apareció más tarde, casi un año después. Los primeros bloques se minaron con esa versión inicial, y en ese momento las recompensas de bloque eran de 50 bitcoins, enviadas en cada bloque a una clave pública recién generada que se añadía al monedero aproximadamente en el momento marcado por la hora del bloque.

También se ha descrito que, en sistemas tipo Linux, el programa recurría a una fuente de aleatoriedad del propio sistema operativo, mientras que en Windows la generación de claves exigía inicializar manualmente el generador de números aleatorios con un valor derivado de datos de rendimiento del sistema. Esa diferencia llevó a algunos a plantear dudas sobre la calidad de la aleatoriedad en los entornos Windows, precisamente los que utilizaban quienes minaban con la primera versión.

Desde el punto de vista de los incentivos, todo esto significa que, durante un periodo relevante, participar en la minería exigía conocer este programa concreto, disponer de un sistema operativo compatible y tener la curiosidad suficiente para dejarlo funcionando. El hecho de que un solo minero concentrara gran parte de los primeros bloques, unido a estas restricciones técnicas, refuerza la idea de que el posminado temprano favoreció enormemente a quienes estaban en el lugar adecuado, con la configuración adecuada, desde el principio.

El relato del nacimiento inmaculado de Bitcoin suele apoyarse en la idea de que, al no existir un preminado explícito, la distribución inicial sería automáticamente justa. Sin embargo, los datos de los primeros años muestran otra realidad: una persona y su círculo minó buena parte del primer lote de monedas, acumulando una reserva gigantesca gracias a un programa que, al principio, corría solo en determinados sistemas y otorgaba 50 bitcoins por bloque a claves recién generadas en el propio monedero del minero.

Mirado con ojos científicos, el resultado se parece menos a una creación divina y más a una mina recién abierta en la ladera de una montaña: casi nadie sabe aún que existe, y quien llega primero con las herramientas adecuadas se lleva la mayor parte del mineral. El posminado temprano no invalida la elegancia criptográfica ni la originalidad del diseño, pero sí desmonta la idea de pureza absoluta y obliga a hablar de incentivos, asimetrías de información y condiciones iniciales muy concretas.

La conclusión es sencilla: centrarse únicamente en si hubo o no preminado oculta la cuestión de fondo, que es la concentración extrema de la minería en sus primeros compases. Reconocerlo no es un ataque, sino un acto de honestidad intelectual que hace que las diferencias entre preminado y "posminado temprano" se diluyan. El nacimiento de Bitcoin no fue inmaculado, en el fondo y según la religión, todos nacemos con un pecado original.

Después del nacimiento llega el crecimiento y desarrollo del ecosistema, aquí es donde los acérrimos del maximalismo hablan de las propiedades emergentes irrepetibles, sí, lo han leído bien, irrepetibles.